lunes, 20 de agosto de 2018

Cro-no-pió / Palimpsestos apócrifos



A mitad del largo zaguán de la vecindad pensó que aún era temprano, y se demoró en salir a la calle y sacar la bicicleta del rincón donde Esperanza le dejaba encadenarla. En la farmacia de la esquina vio que eran las diez menos nueve; tiempo suficiente. El sol se filtraba entre los altos árboles del barrio y él, Cronopio, montó en la bicicleta que pedaleó sin prisa, acelerando de a poco disfrutando del paisaje costeño. La bici traqueteaba entre sus piernas mientras ganaba velocidad, y el aire caliente se le metía bajo la ropa.

“Benditas metáforas”, pensó Cronopio, desacelerando para doblar por la marisquería hasta detenerse cerca de la empaquetadora de alimentos. En el segundo exacto las manecillas del reloj se eclipsaron, sobrepasando también al tiempo mientras Mariazul cruzaba la calle hacia la plaza. Nadie cruzaba las calles como ella: Mariazul… Mar azul… Murazal… Sal Azul, la mar...  Amar a zu luza rama. Malabares de un Cronopio enamorado.

Ella flotaba sobre la polvorienta calle con su vestido blanco, que transparentaba las ganas de Cronopio por tenerla entre sus brazos. Su silueta opacaba la luz del sol, fotones viajando a más de ciento cincuenta millones de kilómetros, hasta estrellarse contra el voluptuoso cuerpo de Mariazul.

El barullo de los últimos pescadores saliendo de la empaquetadora lo distrajo. Montó de nuevo la bicicleta con rumbo a la playa, entre las palmeras, donde se tiraría a dormir, igual que todos los días, soñando con la mujer más bella del pueblo.

Cronopio ignoraba que un distinguido Fama tenía comprada la dote de Mariazul, y que se la llevaría a la ciudad donde el progreso y el orden de la modernidad terminaría por convencerla. Ignoraba también que ella soñaba con un Cronopio azul, verde, amarillo, rojo; del color que fuera, y la rescatara del castillo de la pureza en el cual se encontraba. 

¿Quién sería el Cronopio que la quisiera con o sin dote? Ni ella tenía esa certeza, lo que sí sabía era que la Esperanza muere siempre al último.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario