miércoles, 1 de agosto de 2018

Islamista / Palimpsestos apócrifos


Bastará decir que soy Robinson Crusoe, el náufrago que extravió a la diosa Artemisa; supongo que la historia de cómo sucedieron los hechos está en el recuerdo de todos, y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona. Aunque ni dios sabe qué es lo que ha de recordar la gente, ni por qué. En realidad, desde que llegué a la isla comprobé que la “memoria colectiva” es letra muerta. Ésta verdad hizo mi estancia más tranquila y placentera; hasta antes de la llegada del viernes. La frase "más vale solo que mal acompañado" no quiere decir que uno deba estar solo, sino que —felizmente— la gente te echa en el olvido.

No lo negaré; al principio fue difícil hallar una isla a modo, es decir, libre de bienes raíces y trabucos de catastro. Históricamente los mapas no son referencias fiables, imagino, desde tiempos mesopotámicos, cuando medir el mundo era marcar egos absurdos en tablillas de barro, obra de cartógrafos en ciernes de imaginación desbordada.

Trabajaba duro de sábado a jueves, y en pocos meses logré controlar parte de mi entorno. Dominaba el fuego, cazaba lo justo y deforestaba lo necesario. Animal de costumbres, decidí regalarme el día viernes para la reflexión natural sobre mi lugar en la isla. Caí en la cuenta de que el paisaje limítrofe era mío, de nadie más. Fue entonces cuando apareció Artemisa. Ignoré la frase “más vale solo que bla bla blá”, y después de una charla repleta de los lugares acostumbrados por mí, terminé por invitarla a quedarse en mi proyecto: la isla.

Lo primero que me dijo fue: “Robby, la castidad y la virginidad deberá ser la punta de lanza de este proyecto”. También dijo que la sexualidad era algo despreciable, y otras cosas no menos irregulares.

Trabajé duro en la isla de sábado a jueves. Llegó el día de reflexionar; acostado bajo palmeras, busqué conectarme con el paisaje. Una voz dentro de mi cabeza me exigió expulsara de la isla a Artemisa. En voz alta pregunté: “¿Quién sos vos?” La respuesta reverberó dentro de mí: “Soy viernes, y he llegado para quedarme”.

A la mañana siguiente regalé a Artemisa un mapa de la Atlántida, para que los visitara y les contara sobre los beneficios de la castidad. Insisto, los mapas no son de fiar.

2 comentarios:

  1. Desde los tiempos mesopotámicos nos cuidamos de los otros, con calculado desdén.

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  2. Desde los tiempos mesopotámicos nos cuidamos los unos de los otros.

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