jueves, 26 de julio de 2018

Gramático / Palimpsestos apócrifos


Los dueños de Capusla suelen mirar a su alrededor y después concluir:

—Modestia aparte, somos la Atenas de por aquí.

Capusla es ciudad chica (o pueblo grande, según el nivel de los complejos), mal organizada y con anhelos ostentosos e indignos. Es la capital más pobre de la república de Capuslavia, pero tiene Facultades por las que han pasado insignes paisanos, y anfiteatros restaurados donde conviven ruinas modernas sobre arruinadas ruinas.

"Si Capusla no es el referente cultural de América, es nomás porque el arte y la cultura ha ido de los argumentos y la acción, a los pretextos y la simulación más absurdas. Por tales motivos ni Capusla, ni ninguna otra ciudad, puede declararse capital mundial de maldita sea la cosa", apuntó el hostelero.

Leonardo escuchaba sin escuchar. Tenía prisa por hospedarse y escribir la enésima carta al monarca en turno. El verboso anfitrión  le ofreció un mensajero, cortesía del hostal. Entonces Leonardo, veloz, escribió:


…no.ccheesu.al.aaachlnrt.de.acilno.aelst.no.es.a.el.a.
einqu.el.ceeeenprt.el.fortuu.inos.a.mi.abceeimr.a.al.
abddeerv.y.es.lo.edeemorst.aaeeemnntt.adelnroo.

Instalado y a la espera de respuesta, fijó la vista en el horizonte, sobre El Corcopoia, lustroso monumento local. Luego de unos segundos se prometió 
si la suerte le sonreía, inventar el artefacto idóneo para derribarlo.

Dentro de palacio el gobernador, semidesnudo, miró la nota, la dejó sobre la mesa, la giró, la volvió a levantar para mirarla a contraluz. Después mandó llamar a sus asesores, quienes lidiaron con el papel sin poder descifrar el escrito, aconsejando al monarca solicitar un mensaje más claro al remitente.

El mensajero regresó con la mala nueva. Leonardo, furioso, escribió lo que hasta hoy es el documento más raro del que se tenga memoria, exhibida en una sala especial, en el archivo histórico de Capusla:

 ...destu.es.al.aenoprs.ams.adeejnp.del.equ.aegnt.
aeimmro.aers.acdderroo.opr.bdeeeinot.y.cdiiluor.el.
bfnou.el.acellmosu.el.aaacllmmos.ams.bceiiml.de.al.
aaccmor.aoprt.y.el.fortuu.es.av.cgimnoo.

El gobernante recibió la nota, pero ni se molestó en mirarla, se le hacía tarde para presumir a los capuslenses su nuevo guardarropa.

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