lunes, 2 de julio de 2018

Quimera / Palimpsestos apócrifos*

Hoy inauguro una serie de Palimpsestos apócrifos (escritos que conservan huellas de un manuscrito anterior: hipertextualización impune e irresponsable). Lo anterior para atender los comentarios de algunos afectos bienintencionados, que observan la falta de minificciones (minitextos, textículos, minicuentos, etcétera) en el blog. Entonces estos ejercicios de estilo, los cuales serán responsabilidad mía de principio a fin, incluidos los pecados. Gracias.

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Quimera

Después de un sueño intranquilo Fausto despertará y se descubrirá convertido en un animal monstruoso. Tumbado sobre su espalda gibosa, apenas alcanzará a levantar la cabeza, atrapada por el obtuso cuello. Desorbitados los ojos por el esfuerzo, atisbará su vientre dividido en cuadrantes oblicuos perfectos; más allá poderosas extremidades, rematadas por gruesas pezuñas sobre cuya protuberancia apenas se podrá mantener el cobertor, a punto de resbalar al suelo. Las piernas y los brazos, ridículamente prodigiosos, serán eclipsados por unos mogotes de proporción divina.

«¿Qué me ha ocurrido?», pensará Fausto.

Afuera el laberinto de concreto será presa del infernal frío. Fausto se pondrá de pie y se descubrirá, tembloroso, en el reflejo de la ventana. Los ojos parecerán carbones. Intentará decir algo, una perogrullada quizá, pero del belfo solo escapará la lengua, torpe, acompañada de un resuello salido de los anchos y húmedos orificios de la nariz. 

«¿Qué pasaría —rumiará— si durmiese otro poco y olvidase toda esta chifladura?»

Se echará sobre el cobertor tirado en el suelo. Recogerá sus peludas extremidades y apoyará la enorme cornamenta sobre la pared. Nadie le hablará ni lo nombrará, hasta que el hambre apriete. Los guardianes obedecerán la orden suprema de alimentar al Minoico monstruo, entonces extraviarán a siete doncellas y a siete mancebos de tiernas carnazas, en la ciudad laberíntica. Los cancerberos no sabrán que al erudito “MinoFausto” la carne le produce náuseas, y más la humana. No sabrán de su pacto con Mefistófeles, desconocerán también que a cada instante la falta de alimento lo enfurecerá, y resoplará y babeará cada vez más, ansioso por devorar una pizza con vegetales.

Cortará la cabeza de Teseo por mera disciplina, luego tejerá una bufanda con el hilo de Ariadna para soportar el flamígero invierno, y saltará a vivir por los meandros de la ciudad.




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